Últimas noticias desde el Cannonball

Durante los últimos días al fin habíamos conseguido la calma que buscábamos. Parecía que los fuertes vientos y oleajes que nos habían castigado desde que salimos de Tenerife nos daban un poco de carta blanca para afrontar la última etapa de nuestra aventura. Pero todo lo bueno se acaba, de pronto un viento horrible y una lluvia tan intensa y fuerte que parecía irreal. Hemos tenido que pasar la noche echando agua e incluso cambiar un poco el rumbo porque estábamos en el centro de las tormentas. A pesar de todo esperamos llegar a Martinica según lo previsto, este miércoles 30. 



Si tengo que hacer balance de esta aventura hasta ahora sin duda me quedo con las cosas buenas. Hemos aprendido cómo es la vida en un barco y cómo debemos manejarnos en él, de hecho nos hemos vuelto unas expertas en manipular las velas. También hemos aprendido a convivir, trabajando en equipo y convirtiéndonos en una gran piña que ha permanecido unida toda la travesía sin ningún tipo de conflicto.

Conocer a mis compañeras y compartir momentos como nuestra lucha por la enfermedad y la ilusión por el Reto Trasatlántica sin duda son lo mejor de esta etapa. Hemos compartido confidencias, noches estrelladas y momentos que nunca olvidaremos.



Si no tuviera más remedio que apuntar algún momento malo, sin duda diría que las noches, especialmente esta pasada. Para profesionales como Diego o Iago esto es rutinario y están muy acostumbrados a hacer frente a estos imprevistos pero para nosotras ha supuesto una novedad tremenda. Cuando estas cosas te pasan de guardia quizá estás más tranquila porque sabes qué ocurre y que todo está bajo control, pero si te pilla en el camarote te invade una incertidumbre inexplicable.



También tengo que reconocer que echo mucho de menos a mi familia, en especial a mis niñas y mi marido. Es inevitable que te vengan a la mente y tengas momentos de debilidad, pero sé que están muy orgullosos de lo que estoy haciendo. 

Hace poquitos días fue el cumple de mi hija y aunque no pude darle un gran abrazo, sí pude hablar con ella por teléfono. Además justo coincidió con los regalos que la Fundación AstraZeneca nos hizo, sorprendiéndonos con vídeos y cartas de nuestros seres queridos. Ahí pude ver a mi hija, feliz, soplando las velas y mandándome tanto amor que me ha servido de empujón para esta recta final.



Ahora ya todos empezamos a pensar qué será lo primero que haremos al llegar a Martinica. Yo personalmente me muero por una Coca-Cola con hielo porque estamos pasando mucho calor y humedad, así que nos la merecemos.

Pronto llegaremos a nuestro destino y la verdad que el ánimo está cada vez más alto en el Cannonball, así que me despido con una sonrisa y la satisfacción de estar cumpliendo con el reto de mis sueños.

PATRICIA ALONSO 

tags

  • Diario de Viaje