La opinión del psicólogo sanitario

El mal uso de la medicación en pacientes con problemas de salud a largo plazo se reconoce ampliamente como un problema global que necesita abordarse urgentemente, pero sigue habiendo debate acerca de las mejores maneras de hacerlo.

Durante mis 30 años de experiencia, he investigado la influencia de los procesos psicológicos sobre la salud, la enfermedad y la provisión de asistencia sanitaria. El interés principal de mis investigaciones han sido las maneras en las que las creencias del paciente sobre su enfermedad y su tratamiento afectan a la autorregulación y el automanejo en una amplia variedad de problemas de salud crónicos.

A partir de nuestra investigación, sabemos que las conductas que afectan a las decisiones de salud están determinadas por diversos factores psicosociales que varían entre las distintas personas. Alcanzar cambios conductuales sostenibles exige una comprensión de los impulsores clave que hay detrás de determinados comportamientos y la adopción de técnicas adecuadas para ayudar a abordarlos. Las intervenciones más dominantes, incluidas muchas de las soluciones actuales de la industria farmacéutica, se han basado en dos planteamientos limitados; los programas han tendido a ser “iguales para todos” y basados en recordatorios. Esto último asume que los impulsores principales de la falta de adherencia son el hecho de que las personas tienen información insuficiente o simplemente se olvidan de tomar sus tratamientos. Esto supone una simplificación excesiva. La educación y la información sobre la enfermedad por sí solas no van a cambiar los comportamientos de los pacientes.

La investigación sobre los determinantes de la adherencia del tratamiento, que comprende revisiones de la bibliografía y estudios en esta área, ha identificado tres amplios grupos de factores de comportamiento y cada uno proporciona un paraguas para subgrupos relacionados.
El modelo COM-B es uno de los muchos marcos de psicología sanitaria que aplicamos a nuestro trabajo. En concreto, estudiamos como influyen la Capacidad (p. ej., conocimiento, capacidad de planificación), la oportunidad (apoyo por los profesionales sanitarios y social; acceso a asistencia sanitaria; aspectos económicos) y la motivación (p. ej., creencias, estado de ánimo, confianza) de una persona en su adherencia y automanejo. Estos factores varían de un paciente a otro y a lo largo del tiempo, a medida que su experiencia de la enfermedad y el tratamiento o sus circunstancias cambian.

¿Por qué tendría que dirigirse un programa de apoyo a una población de pacientes de la misma manera cuando las barreras a la adherencia se basan en creencias personalizadas? Igual que las creencias son individuales, los programas de apoyo deben individualizarse.

En pacientes con enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas, ha habido pruebas constantes de que no sólo la motivación y las creencias de los pacientes desempeñan un papel crítico en su automanejo y recuperación, sino también de que las intervenciones personalizadas, que se dirigen a estas creencias, pueden mejorar significativamente muchos aspectos del proceso de recuperación.

Mantener planteamientos antiguos a la adherencia de la medicación no solucionará el problema. La industria farmacéutica tiene la oportunidad de dirigir un esfuerzo de colaboración para combatir la falta de adherencia. Las empresas deben refinar sus ideas y su abordaje del problema desde una perspectiva diferente. Identificar los impulsores de la falta de adherencia y responder a ellos es un ejercicio complejo, pero empieza y termina en el paciente. Los planteamientos innovadores en la asistencia cardiovascular y las estrategias de apoyo personalizadas pueden generar en última instancia un impacto en las vidas de los pacientes. Eventos de la industria muy bien considerados, como el ACC, aportan un foro y una oportunidad únicos para aprender, colaborar y crear, de forma conjunta con otras partes interesadas de la asistencia sanitaria, posibles soluciones para muchos de los problemas a los que se enfrentan los pacientes con ECV durante el tratamiento.

Fundamentalmente, la adherencia trata de modificar comportamientos. Como consecuencia de ello, las compañías farmacéuticas avanzadas que buscan solucionar las dificultades a las que se enfrentan sus clientes están explorando el mundo de la psicología de la salud y la economía de la conducta para desbloquear las respuestas.

Se puede conseguir el cambio. Ya estamos empezando a ver que el cambio ocurre. Los comportamientos de falta de adherencia no pueden abordarse adecuadamente hasta que hacemos un esfuerzo constante por entender realmente a los pacientes y, lo que es más importante, tenemos que apoyar sus necesidades mediante ofertas que puedan adaptarse y que utilicen técnicas demostradas de cambio del comportamiento.

La justificación está clara: como los fármacos no actúan en los pacientes que no se los toman, debe hacerse más para modelizar el comportamiento de los pacientes y afrontar los desafíos en el mundo real de los pacientes con ECV.